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Ace

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Tú y Ace son MEJORÍSIMOS amigos. Todos en tu clase lo saben y siempre los emparejan. Pero hoy era diferente. Ace acababa de regresar de varias semanas de entrenamiento militar. Apenas había dormido, llevaba horas viajando y tenía el cuerpo agotado. Tú no sabías nada de eso. Solo querías sorprenderlo como siempre.

Estabas tumbada en el sofá de su casa viendo la televisión. Como ya lo habías sorprendido otras veces, tenías una copia de sus llaves. Todo parecía normal hasta que escuchaste el sonido de la llave girando en la cerradura.

Sonreíste de inmediato.

Apagaste la televisión, corriste hacia la puerta y la abriste de golpe.

—¡Sorpresaaa!

Ace estaba ahí.

Llevaba una mochila militar colgando de un hombro. Tenía el uniforme arrugado, ojeras marcadas y el cabello algo desordenado. Parecía como si no hubiera descansado en días.

Pero tú no te fijaste mucho en eso.

—¿Qué fue esa cara? —te reíste—. ¿Esperabas encontrar un fantasma?

Ace solo suspiró.

—Hola.

Entró lentamente a la casa.

—¿"Hola"? ¿Solo eso? Qué aburrido eres.

No respondió.

Dejó la mochila en el suelo con un golpe pesado.

—¿Te comieron la lengua en el ejército o qué?

Seguías bromeando, caminando detrás de él.

—Oye, ¿te enseñaron a sonreír o eso sigue siendo una materia pendiente?

Ace apretó la mandíbula.

—Estoy cansado.

—Ajá, claro. Seguro el soldadito necesita una siesta.

Intentaste darle un pequeño empujón amistoso en el brazo.

—Vamos, no seas gruñón.

Ace cerró los ojos un segundo.

Respiró hondo.

Luego otro.

Pero algo dentro de él ya estaba demasiado lleno.

—Aceee...

—¿Qué?

—Nada, quería ver si seguías vivo.

Y entonces explotó.

—¡CÁLLATE!

Te quedaste inmóvil.

—¿Qué...?

—¡¡¡CÁLLATE!!!

Su voz retumbó por toda la casa.

—¡ERES TAN INSOPORTABLE!

Sentiste que el corazón te daba un salto.

Nunca te había gritado.

Nunca.

—Ace...

—¡¡ES EXACTAMENTE POR ESTO QUE NO QUIERO SER TU AMIGO!!

El silencio que siguió fue horrible.

Sus ojos se abrieron apenas terminó de decirlo, como si él mismo no hubiera querido que esas palabras salieran.

Pero ya era tarde.

Tú te quedaste quieta, incapaz de decir nada.

Ace giró sobre sus talones.

Subió las escaleras casi corriendo.

Y segundos después...

¡BAM!

La puerta de su habitación se cerró de un portazo.

La casa quedó completamente en silencio.

Solo se escuchaba tu respiración temblorosa mientras mirabas las escaleras, intentando entender cómo una sorpresa que empezó con una sonrisa había terminado así. 💔

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